Vera Cajal, egresada de Psicología: "Conseguir la plaza PIR es una carrera de fondo, pero hay que confiar en una misma"
Vera Cajal tenía claro que quería dedicarse a la psicología clínica, pero el camino hasta conseguirlo no ha sido sencillo. Egresada en Psicología por la Universidad San Jorge, acaba de lograr una plaza en el exigente examen PIR (Psicólogo Interno Residente), una meta que cada año solo alcanzan unos pocos entre miles de aspirantes. Detrás de este éxito hay meses de estudio intensivo, disciplina, renuncias y, sobre todo, una firme confianza en el proceso.
En esta entrevista, Vera comparte cómo vivió el momento en que vio su nombre en las listas, la dureza de una preparación marcada por la incertidumbre y la importancia de mantener el equilibrio personal durante el camino. También reflexiona sobre el papel que ha jugado su formación universitaria, las experiencias que despertaron su vocación clínica y el valor del apoyo de su entorno en los momentos más difíciles.
En primer lugar, enhorabuena por conseguir una plaza PIR, un logro al alcance de muy pocos. ¿Cómo te sentiste al conocer el resultado?
¡Muchísimas gracias! Creo que casi un mes después de saber el resultado, todavía no me lo creo. Sí que intuía que tenía un examen con bastantes posibilidades, pero no quería hacerme ilusiones y luego quedarme fuera.
Las listas salieron un viernes a las 21h de la noche, yo estaba con todos mis amigos, ya no me las esperaba…El momento de buscarte en las 99 páginas de listas se te hace largo, son 5 segundos que se hacen eternos. Y entonces llegué al número 196 y grité “¡que tengo plaza!”, me abrazaron todos mis amigos y nos pusimos a gritar, saltar y llorar en medio de la calle. Todavía se me saltan las lágrimas solo de pensarlo.
El PIR es una prueba muy exigente del ámbito sanitario. ¿Cuánto tiempo llevabas preparándote y cómo ha sido ese proceso?
Tras terminar la carrera en junio de 2024, decidí descansar ese verano, trabajar para tener ahorros y empezar a prepararme el PIR en septiembre. Mi primer examen fue en enero de 2025, y con escasos 4 meses y medio de preparación es muy difícil conseguir la plaza, pero aun así yo me lo tomé muy en serio y estudié como si lo fuera a conseguir. Creo que este enfoque fue clave, ya que me quedé en el puesto 777, me hizo motivarme, sentir que empezaba a controlar el temario, y tener una base muy grande para el siguiente año.
Tras este examen, retomé el estudio en marzo de 2025. Estudiaba de lunes a viernes unas 8 horas diarias, y ya en agosto añadí también los sábados. A partir de diciembre sí que empecé a aumentar las horas y acabé estudiando unas 10h diarias.
Durante este proceso, creo que el descanso ha sido fundamental. Salvo algún domingo por la tarde del último mes que aprovechaba para hacer simulacros, siempre he descansado mínimo un día a la semana y también en verano y Navidad. La última semana fue la que menos horas estudié, prioricé dormir y llegar descansada.
El PIR es una carrera de fondo, y lo que importa es el proceso y poder llegar al examen con fuerzas para luchar todas las preguntas.
También me parece muy importante el hacer algo más que estudiar, todas las semanas hacía deporte 3 días a la semana, quedaba con mis amigos, pasaba tiempo con mi familia, e incluso fui monitora del grupo scout.
Aunque a veces ha sido estresante tener que organizarme para llegar a todo esto, creo que ha sido muy positivo mantener otros aspectos de mi vida más allá del estudio y la psicología en los que poder desconectar y recargar fuerzas.
Sabemos que la competencia es muy alta. ¿Qué ha sido lo más difícil del camino y cómo lo has afrontado?
Solemos presentarnos unos 4000 aspirantes al PIR y este año había 280 plazas, y quitando las 28 reservadas al cupo de discapacidad, se quedaban en 252. Junto
con el BIR, el PIR es la especialidad con peor ratio de todas las Formaciones Sanitarias Especializadas (MIR, EIR, FIR…), por lo que las cifras no son nada alentadoras.
Esto es algo que tienes en la cabeza siempre desde que empiezas a estudiar por lo que hay que aprender a tolerar y lidiar con la incertidumbre, y confiar en una misma y en el proceso.
La cantidad de temario es infinitamente superior a cualquier examen que me había preparado durante la carrera, el temario es abierto, y la rutina del opositor es dura y monótona.
Mirando atrás, ¿qué papel ha tenido tu formación en la USJ en la preparación para este reto?
El temario PIR está basado en la carrera de Psicología, así que sin lugar a dudas lo que estudié durante los 4 años de carrera me ha servido para la preparación. De hecho, ha habido preguntas durante los dos exámenes a los que me presenté que las he sabido contestar al acordarme de mis profesores y de cuando nos lo explicaron en clase.
También me ha servido mucho el haber estudiado en algún momento con manuales. En la mayoría de las asignaturas de la carrera, el temario del examen salía de los apuntes de los profesores, pero siempre solían proporcionarnos los manuales de referencia, y a mí a la hora de estudiar me gustaba poder consultarlos para ampliar o profundizar en lo que no entendía.
Esto me daba más contexto y me permitía entender y consolidar todo mejor, y ha sido clave para el PIR, ya que yo estudiaba desde los manuales de mi academia y luego completaba unos resúmenes que contenían todo lo importante, por lo que fue esencial en su momento aprender a sintetizar y saber leer de los manuales.
¿Hay algún aprendizaje o experiencia durante la carrera que consideres clave para haber llegado hasta aquí?
Ha habido varios momentos durante la carrera, y sobre todo durante el último año, que me llevaron sin saberlo a decidirme por el PIR.
La primera vez que me di cuenta de que me gustaba el trabajo que se hacía en los hospitales fue durante una charla de una psicooncóloga que trabajaba o había trabajado en un hospital de Zaragoza.
Nos estuvo contando lo que hacía con este tipo de pacientes, y me encantó la labor, pero dijo que su plaza ahora solo era accesible para los psicólogos especialistas en Psicología Clínica, es decir, a través del PIR, y pensé “uf, qué pena, porque el PIR es imposible”.
Ese mismo año empecé las prácticas curriculares en el ámbito clínico, y sirvieron para terminar de reafirmarme que a mí me gustaba la clínica y la psicopatología.
El PIR ya comenzó a formarse como idea más firme al coincidir en estas prácticas con una chica que había estado preparando el PIR y el empujón final me lo dio una profesora que tuve en 1º de carrera, ella se sacó el PIR a la primera, y en ningún momento me dijo que me lo pensara, sino que lo hiciera, ya que era una formación única y muy completa.
Ahora que has conseguido la plaza, ¿tienes claro en qué área te gustaría trabajar?
En el PIR no hay especialidad como en el MIR o el EIR, todos salimos con la especialidad en Psicología Clínica. Durante los 4 años de residencia rotamos por distintas unidades y recursos, tanto hospitalarios como más comunitarios y vemos diversas patologías. Por ejemplo, pasamos por Atención Primaria, unidades de corta, media y larga estancia, centros de adicciones, población infanto-juvenil y centros de salud mental, entre otros. A mí ahora mismo lo que más me atrae es el trastorno mental grave: psicosis, trastornos de la personalidad, trastornos bipolares…ya me di cuenta de esto durante la carrera, aunque también quiero empezar la residencia con la mente abierta para poder aprender de todos los sitios por los que rote.
El PIR requiere constancia y disciplina durante mucho. ¿Qué te ha mantenido motivada en los momentos más duros?
Efectivamente, es un proceso tedioso y duro, hay que aprender a lidiar con la incertidumbre, con los pensamientos negativos que te asaltan, con las épocas de bajón…no sé si llegas a aprender al 100% a hacerlo, creo que aprendes a adaptarte y a sobrellevarlo de la mejor manera posible: cambias de asignatura si una se te atraganta, haces esquemas o preguntas en vez de memorizar o simplemente te vas un día antes a casa.
Para mí, una fuente enorme motivación ha sido mi red de apoyo. Durante todo el proceso, me he sentido muy querida por mi familia y mi círculo de amigos, que siempre han creído en mí y en mis posibilidades, incluso cuando yo no lo hacía, y me han levantado cuando he tenido momentos de no poder más, porque
los hay. Además, para mí ha sido clave el poder estudiar con gente poder desahogarte y comentar cosas cotidianas en los descansos de la biblioteca.
En los momentos de más bajón, lo que solía hacer era ver entrevistas de otras personas que se habían sacado su plaza PIR. Me imaginaba a mí misma en esa misma situación, contando mi experiencia y motivando a otros.
El visualizarme consiguiendo la plaza me hizo creérmelo y pensar que sí que era posible. También me imaginaba mil veces mi primer día como PIR, haciéndome una foto con una bata blanca y pasándosela a toda mi familia.
Por último, las últimas semanas me escribí en unos apuntes que utilizaba todos los días esta frase: “ya sabes que hay 251 plazas, y no 252, porque una es tuya. Ahora solo queda demostrarlo. ¡A por tu plaza!”.
La escribí también en la primera página del último simulacro que hice, y el día del examen, antes de responder a ninguna pregunta, lo escribí también. Quiero pensar que esto me dio suerte.
¿Qué consejo darías a otros estudiantes de Psicología que estén pensando en presentarse al PIR?
Sin lugar a dudas, yo les animaría a hacerlo. Los números no acompañan, pero las plazas se reparten igual. ¿Por qué no vamos a ser una de esas plazas nosotros?
Todos los residentes con los que he hablado este tiempo dicen lo mismo: merece la pena. Además, la sanidad necesita de profesionales como nosotros que decidan embarcarse en este camino.
A nivel personal, ¿qué significa haber alcanzado este objetivo?
Durante toda mi vida me he puesto estándares de exigencia a nivel académico bastante altos, y es cierto que he tenido la suerte de tener la capacidad y la constancia y disciplina para conseguirlos. El miedo al fracaso ha sido un compañero continuo durante todo el proceso.
Creo que el haber conseguido la plaza PIR ha sido la guinda final a una etapa personal de reforzar la confianza en mí misma, de creer en mi capacidad y mis posibilidades, y de darme cuenta de que muchas veces los límites están más en tu cabeza que en la realidad. El orgullo que sentí al ver las listas y que tenía plaza fue enorme, pero ver ese orgullo en todas las personas que me quieren está siendo algo precioso.
Al final, este proceso me está enseñando la cantidad de gente que tengo a mi alrededor que me quiere, que me apoya y que cree en mí, y creo que es lo mejor que me llevo de la preparación PIR.
Para terminar, ¿cómo te imaginas tu futuro profesional tras esta nueva etapa como residente?
Ahora mismo, creo que mi futuro está lleno de posibilidades. Se me han abierto un montón de puertas, de las cuales muchas todavía no soy consciente, a nivel profesional obviamente, pero también personal y social. Creo que estos cuatro años de residencia van a marcar un antes y un después en mi formación y me van a impulsar a ser la profesional que puedo ser.
Tengo muchas ganas de, después de 5 años y medio de formación, comenzar con la práctica clínica, empezar a ver la psicología en la realidad y no solo en los libros, de aportar mi granito de arena a esta profesión tan bonita que tengo la suerte de tener y querer. Y por supuesto, tengo muchas ganas de ver qué me depara la vida, porque seguro que es algo maravilloso.