Un abrazo desde... Japón
Andrés Marrón, egresado del grado en Ingeniería Informática
Siendo sincero, cuando llegó el momento de elegir una carrera universitaria no tenía una idea muy clara de qué quería estudiar. Me decanté por la Ingeniería Informática porque todo lo relacionado con la tecnología despertaba mi interés y veía que era un sector con muchas oportunidades profesionales.
Mi paso por la universidad estuvo marcado por experiencias muy diversas. Vivimos momentos complicados, como la pandemia de la COVID-19, que afectó a nuestra forma de estudiar y relacionarnos. Aun así, siempre he intentado quedarme con lo positivo de cada etapa. Por eso, cuando pienso en aquellos años, recuerdo especialmente a las personas que me ayudaron, me apoyaron y me enseñaron tanto dentro como fuera de las aulas.
Si hay una experiencia que considero decisiva en mi etapa universitaria, esa fue el Erasmus. Sin duda, fue la decisión más importante que tomé durante aquellos años. No solo por las amistades que hice o por todo lo que pude conocer, sino porque supuso un enorme crecimiento personal. Siempre había sido una persona a la que le daba bastante vergüenza comunicarse en otro idioma, pero convivir con estudiantes de distintos países me permitió superar muchas barreras y descubrir todo lo que aprender y utilizar una lengua extranjera puede aportar tanto a nivel profesional como personal.
Por eso siempre recomiendo a cualquier estudiante que tenga la oportunidad de vivir una experiencia internacional que la aproveche. En mi caso, además, tuvo una influencia directa en mi futuro. Estoy convencido de que, si no hubiera pasado una temporada viviendo en otro país, nunca habría dado el paso de trabajar en el extranjero ni me habría sentido preparado para desenvolverme en entornos internacionales.
Oportunidad profesional en Japón
Antes incluso de terminar la carrera tuve la oportunidad de incorporarme al grupo Adidas en Zaragoza. Esa oportunidad surgió gracias a un compañero de universidad al que guardo un enorme cariño, Marcos Caballero. Él me invitó a una visita a la empresa en un momento en el que estaban buscando talento joven. Después de superar el proceso de selección y varias entrevistas, Adidas decidió apostar por mí y comenzó así mi trayectoria profesional.
Con el tiempo, gracias a los contactos que fui construyendo durante mi carrera profesional, surgió una nueva oportunidad: incorporarme a Rakuten en Japón. A ello también se unieron circunstancias personales y un interés que siempre había sentido por el país, no solo por sus posibilidades laborales, sino también por su cultura.
La adaptación a Japón no fue sencilla. Vivir en un país es muy diferente a visitarlo como turista. Cuando llegas, te encuentras con formas distintas de relacionarte, de hacer amistades, de disfrutar del tiempo libre e incluso de entender aspectos cotidianos de la vida. Es un proceso que requiere paciencia y capacidad de adaptación. Sin embargo, una vez encuentras tu equilibrio y construyes una rutina, considero que Japón puede ser un lugar excelente para vivir.
En el ámbito profesional, tengo la suerte de formar parte de un equipo muy internacional, con compañeros de Europa y de muchos otros países. Gracias a ello, la forma de trabajar en mi empresa actual se parece bastante a la que conocí en España. Más que diferencias culturales, lo que percibo es que las grandes compañías tecnológicas internacionales comparten muchas metodologías y formas de organización. Actualmente trabajo en proyectos relacionados con plataformas y servicios utilizados por millones de personas, algo que me permite seguir aprendiendo cada día y enfrentarme constantemente a nuevos retos.

El valor del esfuerzo
Cuando pienso en lo que me aportó la universidad, más allá de asignaturas concretas, creo que lo más importante fue la base de conocimientos que me permitió construir después mi carrera. Es cierto que muchas de las cosas que estudias no se aplican directamente en el día a día laboral, pero disponer de unos fundamentos sólidos resulta fundamental para seguir aprendiendo y creciendo profesionalmente.
Además, si tuviera que destacar una enseñanza por encima de todas, sería el valor del esfuerzo. Es una cualidad que me ha acompañado tanto durante los años de estudiante como en mi vida profesional. He comprobado muchas veces que el talento por sí solo no garantiza el éxito. La constancia, la disciplina y la capacidad de seguir trabajando cuando las cosas se complican suelen marcar la diferencia.
Mensaje a los estudiantes de USJ
Si tuviera que dejar un mensaje a los estudiantes que hoy están cursando Ingeniería Informática, les transmitiría dos ideas fundamentales. La primera es que el esfuerzo importa más de lo que muchas veces pensamos. Da igual lo inteligente que seas: sin dedicación y constancia es muy difícil alcanzar cualquier objetivo. Durante mi etapa universitaria nunca fui una persona que destacara especialmente por encima del resto, pero poco a poco fui descubriendo aquello que realmente me apasionaba, trabajé para mejorar y seguí avanzando hasta llegar donde estoy hoy.
La segunda idea es que sean buenas personas. Los contactos más valiosos no son simplemente contactos profesionales; son las amistades y relaciones que construyes a lo largo del camino. En mi experiencia, muchas de las oportunidades que he tenido han llegado gracias a las personas que he conocido y a los vínculos que he creado con ellas. Los buenos gestos, la honestidad y la forma en que tratas a los demás pueden abrir más puertas de las que cualquier currículum es capaz de hacerlo.