La Universidad San Jorge reúne a expertos para analizar el futuro de la Educación Social ante los nuevos desafíos sociales
La Educación Social es una profesión cada vez más necesaria para afrontar algunos de los principales desafíos de la sociedad actual, desde la exclusión social y la salud mental, hasta la soledad no deseada, las adicciones comportamentales o las nuevas formas de violencia digital. Bajo esta premisa, la Universidad San Jorge reunió ayer a profesionales, académicos y representantes de entidades sociales en un coloquio destinado a identificar las necesidades emergentes de la sociedad y contribuir al diseño del nuevo grado en Educación Social que la USJ impartirá a partir del curso 2027-2028.
La sesión, moderada por Carlos Gómez Bahillo, presidente de Cáritas Diocesana de Zaragoza, contó con la participación Antonio Balsa y Javier Llorente, educadores sociales y miembros del CEES (Colegio de Educadoras y Educadores Sociales de Aragón), y Ana Romea y Alberto Sánchez, miembros de la comisión de implantación del grado de Educación Social de la USJ, quienes coincidieron en definir la Educación Social como “una profesión con apellido: realidad social”, por su estrecha vinculación con las necesidades cambiantes de las personas y las comunidades.
Durante el encuentro se puso de manifiesto que Aragón continúa siendo una comunidad con importantes fortalezas sociales, aunque en los últimos años se han incrementado las desigualdades y las situaciones de vulnerabilidad. Los participantes destacaron que la exclusión social sigue estando estrechamente relacionada con tres factores fundamentales: el empleo, la vivienda y la salud.
En este contexto, los expertos alertaron de que disponer de un trabajo ya no garantiza necesariamente estabilidad económica debido al aumento de la precariedad laboral y los salarios insuficientes. Asimismo, señalaron como retos crecientes el aumento de los problemas de salud mental, la irrupción de la inteligencia artificial y las tecnologías digitales, la precarización económica de las nuevas generaciones y las distintas formas de violencia física y digital.
Los profesionales reivindicaron también una mayor visibilidad para una figura que desempeña un papel esencial en ámbitos tan diversos como los centros educativos, los juzgados, los recursos de protección de menores, las instituciones penitenciarias o los proyectos comunitarios. No obstante, destacaron que una de sus funciones más relevantes continúa siendo la prevención y la intervención socioeducativa desarrollada directamente en los entornos cotidianos de las personas.
“El educador social escucha, acompaña, valida emociones, genera vínculos y ayuda a transformar realidades”, señalaron durante el debate. Además, subrayaron la importancia de fortalecer la colaboración entre administraciones, entidades sociales y profesionales para detectar nuevas necesidades y promover recursos adecuados para abordarlas.
La formación de los futuros educadores sociales ocupó también una parte importante de la reflexión. Los participantes defendieron la necesidad de combinar una sólida preparación académica con una formación práctica que permita a los estudiantes conocer desde el primer momento la realidad profesional. Asimismo, destacaron la importancia de la formación continua, la actualización permanente de conocimientos y la preparación para afrontar complejos desafíos éticos y deontológicos.
Entre las prioridades de intervención identificadas para los próximos años figuran la atención a personas en situación de riesgo, el acompañamiento a personas con discapacidad, la prevención de las adicciones, la lucha contra la soledad no deseada y el impulso de espacios de participación y ocio creativo capaces de fortalecer las redes comunitarias.
Desde la Universidad San Jorge se destacó la voluntad de construir un grado conectado con la realidad social y diseñado en colaboración con los profesionales del sector. La USJ apuesta por una formación que combine innovación social y experiencia práctica, incorporando además las necesidades detectadas por las entidades sociales a las líneas de investigación y a los trabajos académicos desarrollados por los estudiantes.
El nuevo grado en Educación Social ofrecerá dos itinerarios de especialización. Por un lado, la mención en Intervención Socioeducativa con Infancias y Adolescencias, centrada en el trabajo educativo integral con niños, niñas y adolescentes. Por otro, la mención en Acción Socioeducativa: Movimientos Migratorios y Cooperación Internacional, orientada a acompañar, acoger y diseñar planes de inserción laboral y residencial para personas migrantes, mediar en conflictos interculturales y ejecutar proyectos socioeducativos que defiendan los derechos humanos globalmente.
La jornada concluyó con una idea compartida por todos los participantes: apostar por la educación social como un derecho de la ciudadanía y reforzar el reconocimiento de una profesión llamada a desempeñar un papel cada vez más relevante en la construcción de una sociedad más inclusiva, cohesionada y preparada para afrontar los desafíos del futuro.