El fotoperiodista Emilio Morenatti desvela las claves de su obra en la conferencia «El oficio de mirar y el compromiso con la realidad»
Cultura USJ y el Centro de la Imagen, en el marco del programa de las III Jornadas de Fotografía del Summer Foto ZGZ, celebraron ayer un encuentro con el fotoperiodista Emilio Morenatti para dialogar sobre «El oficio de mirar y el compromiso con la realidad». La conferencia estuvo moderada por Ferrán Mallol, director del Centro de la Imagen, y Pilar Irala, directora del Archivo Jalón Ángel y docente en la USJ.
El fotoperiodista ha visitado más de 50 países cubriendo acontecimientos que han marcado la historia contemporánea, y ha permanecido durante años en lugares como Afganistán, Pakistán, Israel y los territorios palestinos. “Perdí una pierna en Afganistán, un acontecimiento que marcó un punto de inflexión en mi carrera. A partir de entonces aprendí a mirar a las víctimas con más cercanía, compartiendo un lenguaje común”, admitía el fotoperiodista.
Durante el encuentro, Emilio Morenatti reflexionó sobre el oficio del fotoperiodista a través de un detallado recorrido por algunas de las obras más representativas de su trayectoria. “No entiendo el fotoperiodismo si no es un guiño a lo vulnerable”, afirmó Morenatti, una máxima que ha servido como eje vertebrador de sus proyectos. Por ello, profundizó en tres bloques temáticos: la infancia, las mujeres y la soledad en la vejez, enumerando algunas de las ideas que han contribuido a definir su identidad como fotoperiodista: la explotación infantil, el automatismo, las miradas perdidas de los niños o el dolor, que han dejado una huella profunda en sus imágenes.
El objetivo de su cámara ha inmortalizado los rostros anónimos de miles de civiles en zonas de conflicto. Son historias que se ven, pero no siempre se cuentan. “Quiero aprovechar este momento para dar identidad y contar la historia de los protagonistas de mis fotografías”, confesaba a los asistentes.
Morenatti clausuró el recorrido por su obra con una faceta más luminosa: “no solo de guerra vive el fotoperiodista”. El zaragozano reveló una etapa en la que se permitió disfrutar más de lo visual, un impás durante el cual se preguntaba: “tengo fotos de muertos, pero ¿dónde está la vida?”. En este contexto, presentó una sección centrada en territorio nacional, con la cobertura de la erupción del volcán de La Palma y de la pandemia de la COVID-19 en Barcelona, trabajo por los que recibió uno de los dos premios Pulitzer con los que se ha reconocido su trayectoria.
El fotoperiodista también reflexionó sobre la importancia de captar la atención del espectador en una era marcada por la inmediatez y la sobreinformación, que desvirtúan el valor de este tipo de imágenes que revelan realidades profundamente crudas. “Como fotoperiodista, debo atrapar al espectador a través de diversos mecanismos estéticos para transmitir la profundidad de estas historias”, relataba.
Asimismo, destacó la importancia de la anticipación como una de las claves del éxito en este oficio: “Antes de disparar, yo tengo las fotografías en mi retina, la pienso, y hasta que no la consigo, no paro”. Así explicó uno de los elementos esenciales de la profesión: la inteligencia visual, esa capacidad para adivinar qué está a punto de ocurrir frente a la cámara. No solo defendió esa anticipación casi instantánea, sino también la de adelantarse a las circunstancias, como hizo durante la cobertura de la pandemia, lanzándose a las calles desde el primer día para retratar la realidad.
Morenatti finalizó con un consejo para todos los asistentes: “la curiosidad es imprescindible, es lo que te levanta el nervio, te levanta el alma y te tira para arriba”.