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Siempre he sido un gran amante del deporte. En mis años previos a la universidad empecé a desarrollar una gran pasión por el entrenamiento de fuerza y todo lo que se podía lograr a través de él. Me ilusionaba la idea de poder ayudar a las personas a mejorar su vida, así que decidí estudiar Ciencias de la Actividad Física y del Deporte y, posteriormente, especializarme en entrenamiento personal. Sin embargo, mi camino no fue completamente recto. Antes de esto, había comenzado otro grado universitario relacionado con Economía y Empresa, atraído por todo lo que rodeaba al mundo de los negocios. Cuando decidí cambiar de rumbo y dejar esa carrera, me sentí muy fracasado. Madre mía, quién pudiera hablar ahora con aquel Pedro para decirle lo equivocado que estaba.
Recuerdo mis años de universidad como un auténtico tornado. Madrugar, ir a entrenar, a la universidad y luego a trabajar. A lo que acababan las obligaciones era sábado tarde/noche y prácticamente ya llegaba el lunes. Era para volverse loco, pero no hay nada como hacer las cosas con pasión. La etapa universitaria es algo que quizás, mientras la estás viviendo, no valoras en su justa medida, pero acaba siendo una de las mejores épocas de tu vida. De allí me llevo amigos que siguen presentes y otros con los que, aunque la vida nos haya llevado por caminos distintos, es una alegría inmensa reencontrarse en Zaragoza para ponernos al día.
Pero si tuviera que elegir la gran joya de mi paso por la universidad, sin duda sería el profesorado. Siempre creí que aprovechaba el tiempo en cada conversación con ellos, pero con los años te das cuenta de que nunca es suficiente. Hoy, más de cuatro años después de terminar, sigo acudiendo a alguno de ellos para resolver dudas académicas o personales, y me siguen aconsejando con el mismo cariño que cuando era su alumno. Es algo único. No quiero dar nombres para no poner unos sobre otros, pero sí, hacer una mención especial a un profesor en concreto al que hoy valoro más como amigo. Es de esas personas que ha trascendido en mi vida; cada café o mensaje de voz suyo te aporta una visión de las experiencias que muy pocos saben transmitir. Si me estás leyendo, sabes perfectamente que eres tú. ¡Gracias!
Tras la carrera, el entorno laboral me llevó a motivarme a realizar un Máster en Gestión de Instalaciones Deportivas, también en el Grupo San Valero. Y junto a mi experiencia laboral en ese momento, encontré lo que de verdad me gustaba: el ejercicio y la gestión de negocios.
Mi salto al mundo profesional fue muy rápido. Comencé mis prácticas en SportUp, y lo que empezó como un periodo de prácticas universitarias, me llevó a dirigir uno de sus centros y equipos. Fueron cuatro años increíbles de crecimiento a lo grande, no solo profesional, sino también personal, que para mí es aún más importante. Todo esto fue posible gracias a Carlos e Iñaki, ¡vaya dupla forman! Yo era muy feliz en mi trabajo y había conseguido algo que, en mis años de universidad, jamás habría imaginado.
Sin embargo, a principios de este 2026, empezó a retumbarme en la cabeza una idea que llevaba soñando desde pequeño: salir de España. Animado, como siempre, por mi pareja, familia y amigos, sentí que era el momento profesional de hacerlo (porque el "momento lingüístico" no sé si habría llegado nunca jaja). Me emocionaba el reto de saber si sería capaz. Llevaba cuatro años sin actualizar mi currículum ni buscar trabajo, pero me lancé. Pensé: "¿Qué es lo peor que puede pasar? ¿Que nadie abra mi CV?". No había nada que perder.
Tuve la inmensa suerte de que alguien vio mi perfil y me contactó. Porque solo necesitas un golpe de suerte para que las cosas cambien. Me hicieron una entrevista online en la que me encantaría decir que me enteré de todo, pero la verdad es que respondí como buenamente pude con mi inglés “patatero”. A los pocos días, me llegó un mensaje: querían que pasara a la siguiente fase y fuera a una entrevista presencial a Irlanda. Mi respuesta fue clara: "El jueves de la semana que viene estoy allí". De nuevo, me pregunté qué era lo peor que podía pasar. Si salía mal, al menos me llevaría un viaje de cuatro días por Irlanda con mi pareja y una buena anécdota que contar.
A los días de volver, recibí la noticia: había sido seleccionado. En ese momento, se me vino el mundo encima. Pensé en mi nivel de inglés, en el gran trabajo que dejaba atrás en España, en que el modelo de negocio era distinto, la familia, los amigos... Pero como me dijo alguien una vez: "La vida es de los que se avientan". Intenté pensar lo menos posible, preparé mis maletas, cerré mi etapa en España en dos meses y puse rumbo a Cork.
Actualmente, trabajo como Gym Manager en Obodo Gym, en Cork. Mi día a día consiste en asegurar que el servicio y el negocio funcionen con normalidad, mejorar procesos, trabajar en la captación y retención de clientes, gestionar el equipo y apoyar en todo a mi jefa, la propietaria del negocio. Antes de venir no sabía muy bien dónde me estaba metiendo, pero siempre he creído que con trabajo y una mente dispuesta a aprender todo sale adelante, y esta experiencia me está permitiendo desarrollarme muchísimo. Mi rutina ahora empieza madrugando para entrenar y leer, luego desayuno con mi pareja (que a los pocos meses vino también a vivir a Cork), preparamos las comidas y nos vamos a trabajar. Las tardes las pasamos cumpliendo con las obligaciones y teniendo tiempo en pareja. Los fines de semana los aprovechamos para descubrir poco a poco la ciudad y el país, que, por cierto, es maravilloso, y la cultura de aquí.
Si hay algo que me ha impactado de Irlanda, son dos cosas. La primera: los irlandeses. Son increíblemente educados, simpáticos y siempre están dispuestos a ayudar. Les encanta España, y los españoles, y no les importa repetirte las cosas las veces que haga falta para que les entiendas. Y menos mal, porque la segunda cosa que más me ha chocado es el inglés de Irlanda, y sobre todo, el de Cork. ¡Vaya inglés! Siendo sincero, mi inglés no es el mejor (de hecho, aún me sorprendo de poder estar aquí), pero siento que he aterrizado en la Andalucía de Irlanda (lo siento si algún andaluz lee eso). Por suerte, ellos son conscientes, siempre te agradecen el esfuerzo y te lo facilitan al máximo. Siempre es un motivo para reírnos.
Por supuesto, no todo es fácil. De hecho, nada lo es. Pero lo peor, sin duda, es dejar atrás a tu familia, a tus amigos y a tu ciudad. Trato de hablar con ellos lo máximo posible mediante videollamadas y fotos, y cuando se puede, volvemos a casa a disfrutar de los nuestros.
A cualquier persona que esté leyendo esto y se esté planteando dar un salto similar, solo puedo decirle una cosa: lánzate. Valora el peor escenario posible y, si aun así crees que merece la pena, no lo pienses más. No será fácil, nada que te haga crecer lo es, pero te aseguro que merecerá la pena.
Un abrazo desde Cork,
Pedro