Armando Mateos Director General de ITESAL

El tiempo vital que tenemos los seres humanos ha sido siempre objeto de estudio.

El pasado es historia, el futuro es incierto, el hoy es un regalo, por eso se llama presente (Kung Fu Panda).

No hay manera de controlar el tiempo. Es una variable objetiva, pero nuestra relación es siempre subjetiva: cuando hacemos algo que nos gusta, pasa volando; cuando hacemos algo que no nos gusta, se nos hace larguísimo, se detiene, escuchamos las agujas del reloj.

Cuando somos jóvenes, el tiempo nos parece eterno. Nos creemos inmortales. En realidad, somos muy ineficientes con el tiempo. Lo desperdiciamos. Nada peor para perder mucho tiempo que tener mucho tiempo.

Sin embargo, llegamos a una edad razonable, reflexionamos, y nos damos cuenta de que ya no tenemos tanto tiempo, somos más racionales, algunas cosas que no hicimos ya no las haremos nunca. Nos preocupamos por el tiempo que nos queda.

Y llegamos hasta nuestra edad madura, nos damos cuenta de que nos queda muy poco tiempo. Ahora es el momento de ser eficientes.

Recuerdo en este instante una película que he visto estos días; ya la había visto en su estreno, pero dado que me gustó, pues repetí. Se titula “Ahora o nunca”, del director Rob Reiner, y de los extraordinarios actores Jack Nicholson y Morgan Freeman. Se trata de dos enfermos terminales de cáncer, con personalidades y caracteres absolutamente distintas; pero son capaces de entablar amistad en la habitación del hospital. Uno convence al otro para emprender juntos un último viaje para poder hacer, antes de morir, todas las cosas que siempre han deseado y que nunca han hecho. Maravillosa. Os la recomiendo.

Hoy he dado una vuelta con la bicicleta de carretera; hacía días que no la cogía. Normalmente, me gusta correr, ir deprisa, disfrutar de la velocidad que te permite una bicicleta por el asfalto. Pero hoy, aprovechando que la carretera estaba semidesierta, he decidido disfrutar de ese tiempo de otra forma; disfrutar mirando, escuchando, oliendo. Mirando a mi alrededor, el sol subiendo en el cielo, un cielo azul con nubes que llegaban y que presagian la semana de lluvias que nos anuncian; escuchando los pájaros y otros ruidos de muy diversa índole, incluida la rueda rozando el asfalto; oliendo a verde, la humedad de la mañana, ese verde que endulza la salida del sol y su ascenso en el azul del cielo… Y no os digo nada del gusto, porque si no es algún mosquito que pueda tragar, ni del tacto, que está firme cogiendo el manillar para no ten1er incidentes. Ha sido un tiempo maravilloso, dos horas estupendas, disfrutando del momento, un momento único, como cada uno que debiéramos vivir.

En definitiva, el tiempo pasa, pero en función de cómo te lo plantees, pasa más lento o más despacio (variable subjetiva).

En el mundo laboral, el tiempo siempre es el denominador de cualquier fórmula de productividad. Y una empresa, para ganar dinero, necesita, además de muchas otras cosas, ser productivo. O sea, hacer mucho más en la misma unidad de tiempo. No hay empresa que cumpla muchos años de vida si no es suficientemente productiva.

¿Y qué significa suficiente? Puede significar ser más productivo que la competencia, o puede ser que eres lo suficientemente productivo como para que un cliente te pague lo que le vendes. Y esto último pasará siempre que el valor de lo que le des sea mucho al lado de lo que intentas cobrarle.

Estamos en tiempos convulsos, en tiempos en los que se ha agrandado la distancia entre la oferta y la demanda, por supuesto a favor de la primera. Y esto nos lleva a un mercado más difícil, en el que habrá muchas más tensiones de precio, y mucho mejor servicio (porque todos tienen capacidad ociosa).

Así que analicemos nuestra empresa, analicemos nuestro trabajo; identifiquemos individualmente cómo podemos ser mucho más productivos; e identifiquemos juntos cómo vamos a ser mejores que la competencia, mejores que el mercado… cómo vamos a ser tan buenos… que el cliente no tenga otro remedio que elegirnos a nosotros.

Ahí os dejo ese reto. Importante, porque en él está la base de los próximos años de nuestra empresa.

Y finalizo con un poema acerca del tiempo, de Jimena Guevara, muy bonito:

No conozco al tiempo, nunca lo he visto.

Nunca me dirigió la palabra, pero si me abrió su abismo.

No conozco al tiempo, pero me deja su nombre en cartas e indirectas.

Nunca he visto al tiempo, pero sé de su cola que da forma a mi presencia.

No conozco al tiempo, pero me deja rastro de su legado,

Las nuevas arrugas de mis viejos

O el cúmulo de polvo que se va juntando.

Sé que pasa el tiempo, cuando mis sobrinos cambian de gustos

Y por cómo yo voy viendo el mundo.

Sé que ha pasado el tiempo cuando noto la ausencia de alguien,

Y cuando me logro sentir segura con quien fue un extraño.

Sé que pasa el tiempo, cuando algunos seres van desapareciendo,

Mientras que otros llegan de pronto en invierno.

Sé del tiempo cuando el cielo cambia,

Y cuando el viento canta de acuerdo a su calma.

Sé que pasa el tiempo cuando debo de darme tiempo para el funeral de un tío.

Y no conozco el tiempo, pero veo crecer los árboles.

Siento al tiempo cuando veo a mis amigos

Lograr lo que alguna vez fueron sus sueños,

Cuando cumplen esas metas que nos parecían distantes,

Y cuando recordamos los que fueron nuestros instantes.

El tiempo lo cambia todo y, a pesar de eso,

Es ingrato y no se deja conocer,

Deja de pista sólo el soplo de su polvo.

No sé si se inventó el tiempo,

O si siempre estuvo ahí,

Pero todos somos presos de su sombra pueril,

No conozco al tiempo y no sé qué darle,

Lo único que puedo ofrecerle al tiempo es tiempo;

Eso que ya tiene y que yo ahuyento.

Odio, en especial, cuando el tiempo

Se ve encarcelado en las manillas de un reloj,

Y más cuando me habla con timbres y alarmas, sacándome de la cama;

Y aunque quisiera librarme de él,

Soy esclava de sus pautas.

El tiempo es mi peor amigo, va más rápido cuando río,

Y se detiene cuando lloro;

E igual sé que el tiempo es la única cura para todo.

Si uno pudiese controlar el tiempo,

La vida no sería vida,

Perdería incertidumbre,

Asombro y espontaneidad,

Se perdería emoción al actuar.

Tal vez lo terrible es el reloj y no el tiempo,

Pero igual nunca lo recomiendo,

Quizá sólo aprovéchalo